Cuidado con lo que dices

A veces el tránsito de la ciudad puede desesperarnos a tal grado que perdemos los estribos de repente se nos salen una, dos o más groserías, incluso hasta llegamos a olvidar completamente que venimos acompañados, lo peor es cuando nuestros acompañantes son nuestros hijos. Para mucha gente, que los niños digan groserías resulta gracioso, sin embargo, para nada lo es.  

Por eso me pareció interesante compartirles una campaña que nos demuestra que los niños son fáciles de influenciar. Es imposible evitar que tus hijos aprendan a maldecir, pero asegúrate de no ser su maestro.